2050: Europa pone fecha a la desaparición de los combustibles fósiles

Barcelona, 28 de noviembre del 2018.-A la mitad del siglo XXI se dejarán de utilizar en la UE el carbón, el petróleo y el gas natural. En el 2050 parece ser la fecha definitiva para utilizar aparatos propulsados con combustibles fósiles. En treinta dos años se deberá llevar la transición en múltiples sectores industriales y domésticos. Toda una revolución energética que pone a la electricidad ( su generación, almacenamiento y distribución) como la gran alternativa. El periódico El País acaba de publicar un extenso reportaje que pasamos a mencionar por su interés: 

La era de la combustión en Europa –en la que el carbón, el petróleo y el gas natural han sido los motores de su próspera economía– tiene fecha de caducidad: 2050. La Comisión Europea propone que las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE desaparezcan a mediados de siglo, lo que implica dejar de lado esos combustibles fósiles que han disparado el crecimiento de Occidente desde 1950. Bruselas plantea, entre otras cuestiones, que el 80% de la electricidad provenga de renovables en 2050 o utilizar la fiscalidad para luchar contra las tecnologías más sucias. A cambio, la Comisión defiende los beneficios económicos de esta transición para la UE.

El Parlamento Europeo instó hace un año a la Comisión a que presentara una estrategia de largo recorrido para que la Unión Europea (UE) esté libre de esas emisiones para mediados de siglo. Y Bruselas la presentará este miércoles. En el documento, al que ha accedido EL PAÍS, se señala que las políticas vigentes en la UE solo conducirán a reducir estas emisiones en un 60% para 2050. “Esto no es suficiente para que la UE contribuya a los objetivos del Acuerdo de París”, admite Bruselas en su documento. De ahí que sean necesarias nuevas políticas y fijar un objetivo de emisiones cero para mediados de siglo.

El Acuerdo de París reconoce que ya es irreversible el calentamiento global, por eso los firmantes se conforman con que el aumento de la temperatura a final de siglo no supere un incremento máximo de 1,5 a 2 grados. Ese el margen para evitar las peores catástrofes climáticas. Lograr esa meta requiere que todos los países presenten planes de reducción de gases de efecto invernadero. Europa en estos momentos acumula el 10% de las emisiones mundiales.

La estrategia de emisiones cero en 2050 implica aumentar la ambición europea en la guerra contra el calentamiento; en 2009 la UE estableció una reducción para 2050 del 80% al 95% de sus emisiones. Entre las razones que la Comisión da ahora para elevar los esfuerzos está el reciente informe del IPCC –el equipo científico que asesora a la ONU– en el que se urge a los países a actuar ante el riesgo de fracasar y no cumplir con lo acordado en París en pocas décadas.

La Comisión intenta despejar los miedos cuando recuerda en su estrategia que se puede crecer económicamente y reducir los gases de efecto invernadero a la vez. Europa lo ha hecho: entre 1990 y 2016, esas emisiones descendieron en la UE un 22% mientras el PIB crecía un 54%. Con su propuesta Bruselas envía ahora una potente señal política. También para sectores como el energético o el del transporte, con la industria del automóvil embarcada ya en una carrera tecnológica para adaptarse al nuevo modelo.En el documento se incide en los beneficios de esta carrera de largo recorrido. Los impactos económicos totales “son positivos a pesar de las importantes inversiones adicionales que requieren”, señala la Comisión. Según los cálculos de Bruselas, el PIB se incrementará en un 2% adicional con las políticas de descarbonización que conducirán al objetivo de emisiones cero. Y eso sin contar con el beneficio económico que supone la erradicación de los daños ocasionados por el cambio climático, que un reciente informe oficial de Bruselas cifraba en 240.000 millones de euros anuales si fracasa el Acuerdo de París.Pero las buenas intenciones que la Comisión expone en este documento han de ser refrendadas y concretadas en un paquete de medidas amplio como el que ya existe para el periodo comprendido desde ahora hasta 2030.Los Veintisiete deben todavía dar luz verde a esta estrategia. La predisposición parece favorable. Los ministros de Medio Ambiente de una decena de Estados –entre ellos España, Francia e Italia– firmaron hace dos semanas una carta conjunta dirigida al comisario de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, en la que le instaban a ser ambicioso y cumplir con el objetivo de cero emisiones en 2050. Sin embargo, países como Alemania, el motor económico europeo, no se han pronunciado al respecto.M

Una vez el plan obtenga el visto bueno, la maquinaria comunitaria se pondrá en marcha para legislar, pero con el objetivo de cero emisiones en el horizonte. La estrategia para 2050 se debatirá también hoy en el Parlamento Europeo.

Arias Cañete resalta que el plan de Bruselas también “reducirá las muertes prematuras por contaminación del aire en más de un 40%, y los costes sanitarios se rebajarán en 200.000 millones de euros anuales”. Los cálculos de la Comisión pronostican a la vez un descomunal ahorro gracias a la nula dependencia de las importaciones de petróleo: en total, entre dos y tres billones de euros de 2030 a 2050.

La estrategia de la Comisión es explícita cuando aborda la transformación del sector eléctrico. El abaratamiento de los costes de las renovables ha permitido una rápida implantación de estas energías limpias. Para 2050, Bruselas recuerda que “más del 80% de la electricidad vendrá de fuentes renovables”. A ello la Comisión suma otro 15% procedente de la nuclear –que no expulsa CO2, pero que tiene otros problemas relacionados con los residuos– para hablar de un modelo de generación eléctrica libre al 100% de gases de efecto invernadero. Esta hoja de ruta supone el cierre de todas las centrales de carbón y gas natural.

En el caso del transporte, donde existen importantes presiones de los fabricantes de automóviles, la Comisión no profundiza tanto. Aunque el documento se refiere a la importancia de la electrificación de coches y camiones, no cierra la puerta a “combustibles alternativos”, como biocarburantes. El documento sí recoge la polémica técnica de captura y almacenaje de dióxido de carbono, rodeada de un gran rechazo social. Sin embargo, la Comisión defiende que su “despliegue” sigue siendo “necesario”. Bruselas, además, destaca la importancia de usar los impuestos y subvenciones como una “herramienta eficiente para la política ambiental”.

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