La desaparición del volante marcará la era de los verdaderos coches autónomos

Barcelona, 12 de mayo del 2021.- Los automóviles 100% autónomos aún están por desarrollarse tecnológica y jurídicamente en cada país. Esta carrera por el software para la conducción se distinguirá por la desaparición de un elemento que nos ha acompañado en los últimos siglos: El Volante. El periódico La Vanguardia ha publicado un curioso reportaje.

En 1996, Mercedes-Benz presentó un prototipo sin volante… aunque no sin dirección. Su manejo se realizaba mediante un joystick situado en la zona donde tradicionalmente se encuentra el cambio de marchas. Dicho elemento, además, servía de acelerador y freno. Este concepto es el que actualmente equipan las sillas de ruedas eléctricas para personas con problemas de movilidad.

Más recientemente, un diseñador presentó un coche sin volante a la vista. Este elemento, y otros mandos, se “escamoteaban” en el salpicadero cuando no eran necesarios. De este modo, el habitáculo se convertía en una cabina diáfana. Se trataba de un estudio sobre las posibilidades que ofrecerán los coches autónomos, en los que el interior será una suerte de salón donde poder hacer lo que uno desee mientras el automóvil se dirige al destino elegido: ver la tele, consultar internet, trabajar o descansar. Lo que uno prefiera.

Si echamos la mirada atrás, esto de los vehículos sin volante no es nuevo. Y es que este elemento circular no nació a la par que el automóvil. Los primeros ejemplares carecían de él. Solo hace falta rememorar la famosa imagen de 1886 en la que Berta Benz estaba a los mandos del coche que ideó su marido, considerado el primer automóvil -al menos el primero con motor a explosión-. El ejemplar tenía un semimanillar para gobernar la dirección, que estaba inspirado en los timones de algunas barcas.

La razón es clara. Los primeros automóviles se inspiraron en lo que había en aquel momento. Su base eran carros, carrozas e incluso vagones adaptados para funcionar sin caballos o, en el caso de los vagones, sin máquinas. Tampoco los primeros Lenoir o De Dion Bouton disponían de volante.

Todo como en el “Carro de Cugnot”, el que puede ser considerado primer vehículo automóvil real, con su impresionante caldera de vapor que fue presentado en 1769 y disponía de una especie de manillar para girar su única rueda delantera. Los vehículos a vapor que 100 años después construyó Amédée Bollée mantenían este elemento o equipaban una manivela.

Esto no era un problema, ya que dichos sistemas hacían su papel adecuadamente en los primeros años de vida del automóvil. Las velocidades eran tan bajas que “perdonaban” sus imprecisiones. Pero con el aumento de las prestaciones, estaba claro que se quedaban cortos debido a sus limitaciones.

Las primeras carreras de competición lo cambiaron todo. Sólo 8 años después del viaje de Berta Benz, apareció el primer volante. El 22 de julio de 1894, un tal Alfred Vacheron se presentó en la salida de la París-Rouen con un Panhard de gasolina que había modificado introduciendo un volante. La barra de dirección ya no era vertical, sino inclinada con el objetivo de que resultara más práctica para el conductor.

Vacheron acabó cuarto en la clasificación. Oficialmente el más rápido fue el Conde Jules Albert De Dion a los mandos de un De Dion-Bouton a vapor –estableció una media de 12,5 km/h-, aunque no fue considerado el ganador de la prueba porque había otros criterios que también se tenían en cuenta.Lee también

Pese a sus ventajas, el volante no se popularizó hasta bastantes años más tarde, para convertirse en imprescindible. Tanto que en muchos países la legislación prohíbe prescindir de él incluso en los vehículos adaptados para personas con minusvalía que pueden tener un joystick para ser conducidos.

Los primeros volantes eran de gran tamaño y circulares, por supuesto. Los coches eran pesados, la dirección dura, así que se imponía un gran diámetro para que no fueran necesarios grandes esfuerzos para la conducción. Con la llegada de la servodirección y las actuales direcciones asistidas, su tamaño ha disminuido notablemente.

Inicialmente fueron metálicos, recubiertos de madera. La razón no sólo estriba en que la madera es más agradable al tacto y no transmite sensación de calor o frío como el metal, sino que además resbalaba menos.

Después se hicieron en numerosos materiales, preferentemente de bakelita, material fácil del moldear y económico. Pero incluso en los años 50 y 60, los volantes “de madera” fueron un accesorio muy apreciado, e incluso los volantes de cuero, muy agradables al tacto. Hoy son de materiales plásticos pero imitan al cuero en cuanto a aspecto e incluso más agradables. Se emplean pieles nobles, suaves, agradables, tratadas. 

Y las formas ya no son siempre circulares. Algunos modelos equipan unidades con parte inferior este achatada. Ha sido una necesidad impuesta por los coches más pequeños para facilitar el acceso al conductor, sin que su pierna derecha (al menos en los vehículos con volante a la izquierda) no encuentre obstáculos para entrar o salir del vehículo.

Desde los años 50, el volante es un elemento crucial del diseño: con dos, tres o cuatro brazos, con su centro redondeado o cuadrado, más o menos voluminoso…. Y actualmente, con el logotipo de la marca integrado de forma muy visible, sigue manteniendo su relevancia. Mención especial merece el Citroën, que en su fantástico y popular DS innovó con un volante de un solo radio, que parecía suspendido en la nada.

SETRAM

Expertos en Logística de Automoción para el Vehículo Terminado desde 1982

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