Enrique Dans: “El vehículo dejará de ser propiedad del usuario y se convertirá en un conjunto de servicios con suscripción”

Barcelona, 22 de diciembre del 2021.- Enrique Dans es una de las principales referencias en el conocimiento y explicación de los avances tecnológicos en los últimos 20 años. A continuación reproducimos un reciente análisis sobre la evolución tecnológica de la industria de la automoción.

Una noticia que lleva ya algún tiempo circulando como «visión escandalosa del futuro que nos espera» apunta a que Toyota planea ofrecer servicios de suscripción asociados a sus vehículos, que llegarían incluso a tratar de cobrar al usuario $8/mes por el derecho determinados servicios basados en conectividad.

La visión, en realidad, lleva ya bastante tiempo planteándose: hace algunos meses, Volkswagen insinuó también este modelo, asociándolo, por ejemplo, con la conducción autónoma: pagar por la posibilidad de poner a tu vehículo a conducir por ti. BMW llegó a poner en práctica una suscripción de nada menos que 80€ por utilizar en tu vehículo el sistema de infotainment de Apple CarPlay, aunque dio marcha atrás en su movimiento relativamente rápido al ver la reacción de sus usuarios, pero eso no quiere decir que haya abandonado sus planes.

En la práctica, hablamos de una consecuencia relativamente lógica de convertir un vehículo en un dispositivo conectado: si quieres que tu automóvil, por ejemplo, disfrute de servicios de conectividad que te permitan, por ejemplo, acceder a Spotify, a mapas actualizados con la información del tráfico o a servicios de diagnóstico en tiempo real, por ejemplo, esos servicios tienen un coste, la conexión que te une a ellos también lo tiene, y es además un coste recurrente que no está incluida en el precio del vehículo, sino que debe plantearse como asumible por el usuario, sea bajo un modelo de suscripción o de alguna otra manera.

La carga del vehículo es un ejemplo especialmente interesante: mientras muchos usuarios de vehículos eléctricos tienen que encontrar un punto de carga, arrancar una app, identificarse y lanzar un proceso no especialmente sencillo ni amigable para poder simplemente comenzar a recargar, además de configurar un medio de pago en esa app o en algún tipo de tarjeta específica para ello, un vehículo Tesla simplemente se enchufa, se identifica él mismo con la red, procede a la recarga, y lleva a cabo el correspondiente pago por la energía consumida en la tarjeta de crédito o débito del usuario. Sin más complicaciones. Para quien lo quiere simplificar todavía más, sigue existiendo, para determinados modelos, la posibilidad de incluir un pago determinado en el precio del vehículo que incluye recargas ilimitadas, y que probablemente pueda interesar a quienes hacen muchos kilómetros. En ese sentido, el vehículo se comporta como el dispositivo al que autorizamos a llevar a cabo determinadas operaciones, un dispositivo que, además, podemos configurar con diversas opciones.

El futuro, lógicamente, apunta a que un vehículo sea un dispositivo al que autorizamos, por ejemplo, a identificarnos como conductor cuando la autoridad lo requiere, lo que permite dejar clara la responsabilidad en la que incurre el conductor con su comportamiento y decisiones. Un vehículo conectado lo está a todos los efectos, y no tardaremos mucho, del mismo modo en que yo «retransmito» en tiempo real las circunstancias de mi conducción a Tesla, en que sean las propias autoridades de control del tráfico las que quieran recibir esos datos directamente. En esta circunstancia, sería el propio vehículo el que, de manera fehaciente, «se multase a sí mismo» en caso de que su conductor incurriese en un comportamiento irresponsable, dado que el concepto de «nadie me han visto» desaparece en cuanto el vehículo mantiene una conexión permanente.

Avanzando en ese futuro, la lógica es que el vehículo deje de ser propiedad del usuario y se convierta, simplemente, en un conjunto de servicios que se usan en modo de suscripción: entrar en el vehículo, logarse, y acceder a un conjunto de posibilidades que dejarán de tener que ver con la conducción, que será llevad a cabo por el propio vehículo, y estarán más relacionadas con el entretenimiento, los contenidos o la conectividad en general.

En el balance entre producto y servicio, el vehículo dejó de ser simplemente un producto en cuanto lo convertimos en objeto conectado permanentemente. Pero las consecuencias de ese cambio van mucho más allá, e indudablemente, estarán muy relacionadas con los modelos de negocio que las compañías que gestionen esos vehículos deseen poner en marcha. Un futuro muy distinto al que conocemos, pero que en muchos casos, está comenzando a delinearse ya.

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