Análisis de Enrique Dans sobre la aceleración coyuntural de la electrificación del parque de automóviles

Barcelona, 12 de octubre del 2021.- Enrique Dans es Analista tecnológico y Profesor IE Business School. La industria de la automoción forma parte de sus diagnóstico coyunturales. Recientemente ha escrito:

Las compañías que venden vehículos eléctricos están reportando un fuerte incremento del interés, entre un número creciente de consumidores que además de preocuparse por el medio ambiente, por su menor coste total de propiedad o por su evidente superioridad tecnológica, lo hacen ahora por evitar los problemas derivados del suministro de derivados del petróleo.

Verse obligado a hacer cola en una gasolinera para llenar el depósito es algo que se está convirtiendo aparentemente para muchos en una especie de «momento de la verdad», en el que se dedican a hacer sus cálculos y a darse cuenta que el precio adicional de adquirir un vehículo eléctrico está bien justificado por otros factores.

En muchos sentidos, el mercado parece estar empezando a ver este tipo de crisis como una señal de la necesidad de saltar a una nueva tecnología. Para muchos, la crisis del petróleo en el Reino Unido está marcando ese momento de cambio en el que consideras que no quieres seguir aguantando condiciones como esas ni un minuto más.

Si añadimos a esto los importantes subsidios con los que el gobierno británico está otorgando a la compra de vehículos eléctricos, el hecho de que pueden en algunos sitios circular por lugares como los carriles bus, utilizar los carriles de alta ocupación o aparcar gratuitamente, y los rumores de las intenciones del gobierno de adelantar a 2030 la prohibición de venta de vehículos de combustión que ya fue adelantada hace poco a 2035, hablamos de un incremento de un 500% en el interés por los vehículos eléctricos. De hecho, el vehículo más vendido en el país el pasado mes de junio fue un eléctrico, el Tesla Model 3.

Por contra, mientras algunos todavía creen que los precios de la electricidad suponen un problema que penaliza a los vehículos eléctricos, la realidad es que los propietarios de este tipo de vehículos, conscientes de sus necesidades y de la regularidad de las mismas, tienden a tener contratos de suministro de electricidad pactados a precios fijos, lo que en muchos casos les ha evitado problemas con el importe de sus facturas.

La reciente oleada de inestabilidad en los precios de la electricidad, por otro lado, se debe precisamente al impacto del mercado de los combustibles fósiles, particularmente del gas, y podría de hecho intensificarse a medida que el invierno llega al hemisferio norte y que el gas empieza a utilizarse masivamente para calefacción, provocando potencialmente tensiones en los precios que las compañías eléctricas pagan por él. 

La crisis europea podría, según algunos analistas, convertirse en mundial, señalando de nuevo la escasa conveniencia de seguir construyendo nuestras sociedades sobre un recurso cada vez más inestable y con los efectos secundarios sobre el clima que todos conocemos. Y no hablamos simplemente de economía doméstica, sino de implicaciones profundas para las empresas energéticas y los países que dependan para su suministro de los combustibles fósiles.

Cuando uno adquiere un vehículo, adquiere también una serie de dependencias. Un vehículo de combustión mantiene dependencias periódicas tales como el paso por la gasolinera o el mantenimiento en forma de revisiones, que un vehículo eléctrico minimiza en grado sumo o directamente elimina.

Desde que conduzco un vehículo eléctrico, no he tenido que pararme en una gasolinera más que para poner aire en las ruedas o para lavarlo, y no he tenido que hacer ni siquiera una mínima revisión (en más de dos años de uso habitual). A cambio, una factura de la electricidad que prácticamente no ha experimentado cambios. Sin duda, evitar ese periódico paso por la gasolinera para dejarse en ella setenta u ochenta euros de cada vez es una de las ventajas que más se notan.

A medida que avanzamos en una transición energética fundamental y absolutamente necesaria para garantizar el futuro de la humanidad, la conveniencia de depender del suministro de un combustible como la gasolina, el diesel o el gas, cada vez más lastrados – lógicamente – por restricciones de todo tipo, va siendo cada vez menor. Decididamente, una señal a tener en cuenta para todos.


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